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El día de ayer mientras estaba trabajando, mi esposa me envió un mensaje contándome que le iba a quitar el tiempo de televisión a mi hijo Alex, porque el se negaba a hacer su tarea. Alex le decía que estaba muy cansado y que no lo haría. Alex, de tres años es mi propia imagen, y eso generalmente me frustra cuando trato de criarlo y disciplinarlo. El tiene mi temperamento y personalidad, lo bueno y lo malo.

Cuando Alex no quiere hacer algo, simplemente no lo hace. No hay nada que pueda persuadirlo, ni siquiera un rico helado o jugar con su juguete favorito. Si el no quiere hacer algo, el dirá mil veces “No, no, no quiero, gracias, no, no gracias, no, no” mientras mueve su cabeza para los lados acentuando su indisposición de hacerlo.

Esto lo considero algo muy bueno, ya que confío en que a lo largo de su vida no será fácilmente persuadido para hacer lo que otros quieran que haga. Pero al mismo tiempo, es un reto el poder educarlo y corregirlo cuando su mismo temperamento me frustra y enoja al verme reflejado en él y al saber que no es una tarea fácil.

UNA IMAGEN DE ALGO MÁS GRANDE

Como muchos temas en la biblia, como el matrimonio, el ser padres es una imagen de algo mucho más grande que el ser padres. Es una imagen del mismo evangelio. La biblia nos muestra claramente que nuestra relación de padres con nuestros hijos, es un reflejo de la relación de Dios con sus hijos.

  • Experimentamos un nuevo nacimiento (Jn. 3.3)
  • Somos adoptados a su familia (Ef. 1.5)
  • Por amor, nos llama sus hijos (1 Jn. 3.1-2)
  • Clamamos ¡Abba Padre! (Rom. 8.15)
  • Nos disciplina con y por amor (Prov. 3.11-12)

Durante toda la narrativa bíblica podemos ver esta imagen al poder reconocer que en Cristo, somos hijos de Dios y hermanos/as con otros cristianos.  El ser padres es una imagen clara, hermosa y poderosa del evangelio, de lo que Dios hizo por nosotros en Cristo.

EL OBJETIVO INCORRECTO

El poder criar a nuestros hijos de una forma bíblica es algo que se puede percibir como sencillo, pero nunca es algo fácil. Es sencillo porque está claramente expuesto en la biblia, pero no es algo fácil de llevar a cabo.

No creo que como hijos de Dios soñemos con criar hombres y mujeres inútiles, perezosos y sin propósitos propios. Todos los que conocemos a Dios anhelamos el poder criar hijos exitosos. El problema viene cuando no entendemos qué significa “exitosos”.

Para muchos, el criar hijos exitosos significa que sean profesionales, para otros, que sean personas moralmente correctas. Por otro lado, hay personas que consideran el éxito de sus hijos a través de la misericordia que ellos extiendan a otros y su involucramiento en activismo social.

También están aquellos padres que creen que el éxito de sus hijos es el que puedan ellos cumplir los sueños frustrados de sus padres. Económicos, educativos o incluso recreativos y sociales. Si bien son deseos comunes en la mayoría de padres, y en su naturaleza no son malos, debemos entender que cualquiera de estos, por muy buenos que sean, se pueden convertir rápidamente en ídolos para nosotros como padres.

EL EVANGELIO

Cuando hacemos ídolos en nuestro corazón, fácil y continuamente estamos dispuestos a sacrificar tiempo, dinero y esfuerzos en su altar. Ídolos como el control, la seguridad, apariencia, aceptación y desempeño pueden estar informando más la forma de criar y disciplinar a nuestros hijos, que el mismo evangelio y lo que Dios anhela que hagamos como padres.

Pablo escribe en Efesios

“Padres, no hagan enojar a sus hijos con la forma en que los tratan. Más bien, críenlos con la disciplina e instrucción que proviene del Señor”

Pablo nos da un balance entre criarlos en disciplina e instrucción.

Disciplina

Esto tiene que ver con conjuntos de reglas de comportamiento para mantener un orden y que llevan a ciertos resultados. Esto podría ser el equivalente a criarlos con la verdad.

Instrucción

La segunda palabra, instrucción, en su contexto literario quiere decir consejería. Tiene que ver con diálogos, platicas, razonamientos, escuchar, atraer. Esto podría ser el equivalente a a criarlos con amor. La consejería e instrucción siempre la buscamos con aquellas personas que amamos y nos importan.

Es muy interesante que Pablo nos dice que para evitar el mantener a nuestros hijos llenos de ira, enojo y frustración (Ef. 6:4) debemos de criar a nuestros hijos con un balance de verdad y amor.

EL BALANCE

¿Qué pasa si enfocamos únicamente la disciplina? Vamos a criarlos con un sentimiento de distanciamiento y poco afecto. ¿Qué pasa si nos enfocamos únicamente el amor? Vamos a criarlos con la idea de que ellos siempre podrán hacer lo que quieran sin ninguna consecuencia.

A menos que ellos entiendan la razón a través de un dialogo y de amor del porqué deben de cumplir con las reglas establecidas y obedecer, a ellos se les dificultará obedecer. Lo que siempre me ha llamado la atención de este texto, es el hecho de que Pablo está básicamente dando la instrucción de que criemos a nuestros hijos de la misma forma en que Jesús vivió (Jn. 1.14).

Cuando Jesús estuvo en la tierra, vemos en la palabra a veces parecía perdonar y otras veces parecía que le pedía cuentas a todos. A veces era sumamente amoroso y otras veces lo vemos molesto y enojado. Jesús es el mejor ejemplo de ese balance.

UN CONSTANTE RECORDATORIO

Esta verdad tan importante es la que tendemos a olvidar cuando estamos frustrados, enojados o enfocados en el éxito de una manera equivocada. Cuando llegué a la casa y vi a Alex, recordé también que muchas veces tengo que reflejar el evangelio y no solo disciplinarlo, sino también, en amor, conversar con él y hacerle ver que la disciplina viene por y en amor.

Esa misma conversación, donde debo de explicarle con amor el porqué de la disciplina, me sirve para recordarle como todos nosotros hemos desobedecido a Dios y merecemos un castigo, pero que cuando buscamos a Jesús a través de arrepentimiento y fe, el nos ama y perdona gracias a la cruz y lo que Jesús hizo ahí.

Es ese mismo mensaje del evangelio también el que me recuerda que Alex no tiene que hacer o dejar de hacer algo para que yo le ame o le de algo por gracia. Así como Dios nos dio todo en Cristo, únicamente por gracia.

Nuestra crianza al final, es una relación diaria de discipulado. Nuestra meta final y más importante, es que nuestros hijos sean conformados a la imagen de Cristo, entendiendo que nosotros debemos reflejar esa gracia y amor que recibimos de Dios a ellos a través de la disciplina e instrucción. La gran comisión inicia en nuestro hogar.

Esta es una tarea que se lee sencilla, pero no no es para nada fácil. De hecho, es imposible si nosotros como padres no recordamos nuestra responsabilidad de estar sumergidos en la palabra de Dios, activos en nuestras disciplinas espirituales y conectados a una comunidad bíblica que nos anime y acompañe en el camino.

 

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