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En el contexto de Adviento y Navidad, siempre se argumenta en contra de la celebración por varias razones. Una de las más famosas también es el tema de que el nacimiento de Jesús no pudo ser en Diciembre por cuestiones “lógicas” del clima y la época de invierno en Israel.  Acá un contra-argumento

Este argumento nunca falta en el menú de muchos. Sin embargo, a pesar de su aparente simplicidad y evidencia, nadie se toma la molestia de constatarlo por medios creíbles. 9 de cada 9 personas sólo lo repiten. Por esta razón trataré de ir más allá de la simple lógica y del sentido común. Bastaría con decir que en una época invernal no llueve todos los días, ni todas las horas, ni en todo lugar, y que los períodos de invierno son distintos en todos los países no solamente en tiempo sino también en intensidad, clima y densidad. También es cierto que los inviernos varían de un año a otro, basta con ver cómo se comporta el clima en nuestro país. Esta puede ser una evidencia que nos da la experiencia y que no contradice el conocimiento científico.

EL ARGUMENTO

Uno de los autores más conocidos por argumentar en contra de la Navidad, Coulter,  afirma que en el mes  de diciembre, en la tierra de Israel (no especifica el lugar exacto de Belén de Judea) es  invierno y, por lo tanto,  los pastores, a quienes fue anunciado el nacimiento del Mesías, según él, no podían estar pastoreando sus rebaños a campo abierto durante las  vigilias de la noche.

En cuanto a la imposibilidad de que los pastores, por ser la temporada de invierno, no podían estar pastoreando sus ovejas al aire libre, recordemos que la fiesta judía de Hanuká  se celebra también en esa misma  época y dura ocho días. Las vigilias de la noche cambian según cada estación del año.

El argumento parece carecer de peso, debido a que no todos los días son lluviosos en los inviernos. En plena época invernal en todo el orbe hay períodos largos y alternos de tiempo en que el invierno cesa, experimentándose noches espléndidas, pues de lo contrario se registrarían inundaciones sumamente catastróficas.

En todo caso, los que esgrimen tal argumento y, por la misma naturaleza impredecible del fenómeno invernal, tendrían la carga o la obligación de probar que el día veinticinco de diciembre del año en que creen que nació Jesús, en Belén de Judea, (exactamente en el lugar señalado como el de Su nacimiento) estaba lloviendo o nevando de tal manera que los pastores no podían estar pastoreando sus ovejas. Esta posibilidad es sumamente difícil y remota cuando realmente pensamos en las implicaciones de este argumento. Básicamente deja de ser un argumento porque no hay absolutamente nada más que conjeturas para asumirlo.

UN EJERCICIO

Como podemos observar en el planisferio, la tierra de Israel se encuentra muy cerca la franja comprendida entre el trópico de Cáncer (hacia el norte)  y el de Capricornio (hacia el sur). Por  la posición del globo terráqueo con respecto al Sol, es la zona más expuesta a sus rayos  y, por lo tanto, la más cálida.

Dentro de la clasificación de los climas se encuentran, entre otros, los climas tropicales y polares. Dentro de la zona comprendida entre los dos trópicos se da  el clima tropical. Este clima se sub-clasifica en climas tropicales húmedos y desérticos, encontrándose la tierra de Israel en esta última  subclasificación.

Podemos incluso leer en sitios que se dedican al turismo respecto al clima en Israel lo siguiente:

El clima de invierno en Jerusalén puede ser algo más variable; la estación húmeda comienza alrededor de noviembre y acaba en abril. Cada cierto tiempo incluso llega a nevar un poco, pero generalmente las temperaturas no descienden lo suficiente como para que esto ocurra. La temperatura media en enero es de 6 a 12 °C (43 a 55 °F). Con un clima tan seco durante el resto del año, la lluvia es bien recibida cuando por fin llega y, a diferencia de lo que sucede en muchos países, no oirá a mucha gente quejarse del tiempo. Incluso en invierno hay abundancia de días suaves, soleados y sin lluvia.

También podemos leer en cuestiones de clima lo siguiente:

Parámetros climáticos: Para el estudio del clima hay que analizar los elementos del tiempo meteorológico: la temperatura, la humedad, la presión, los vientos y las precipitaciones. De ellos, las temperaturas medias mensuales y los montos pluviométricos mensuales a lo largo de una serie bastante larga de años son los datos más importantes que normalmente aparecen en los gráficos climáticos.

 Hay una serie de factores que pueden influir sobre estos elementos: la latitud geográfica, la altitud del lugar, la orientación del relieve con respecto a la incidencia de los rayos solares (vertientes o laderas de solana y umbría) o a la de los vientos predominantes. (Barlovento y sotavento, las corrientes oceánicas y la continentalidad, que es la mayor o menor lejanía de una región respecto del océano o del mar.

Estudio del Tiempo: Hay muchas clases de tiempo: cálido o frío, húmedo o seco, despejado o tormentoso, todas resultan de diferentes combinaciones de las variables atmosféricas de temperatura, presión, viento, humedad y precipitación. Los elementos constituyentes del clima son temperatura, presión, vientos, humedad y precipitaciones. Tener un registro durante muchos años de los valores correspondientes a dichos elementos con respecto a un lugar determinado, nos sirve para poder definir cómo es el clima de ese lugar.

Temperatura atmosférica: Se refiere al grado de calor específico del aire en un lugar y momento determinados.

RAZONEMOS

Cualquier estudio serio respecto a estos temas puede darnos una idea seria de que la nieve, como fenómeno atmosférico y climático, se presenta en Jerusalén, de manera eventual durante la duración del invierno, pudiéndose observar cualquier día, a cualquier hora, especialmente a mediados o finales del invierno, y no es un fenómeno durable que se extienda por muchos días.

De conformidad con la duración del invierno de aproximadamente cien (100) días, si el fenómeno se presentara, dos, tres o  hasta cinco veces, estaríamos frente a una probabilidad de  100 a dos, o tres o hasta cinco veces que se repitiera todos los años. Esto se daría especialmente en la fase más copiosa del invierno que va desde finales de enero hasta principios de marzo y la probabilidad de que este fenómeno se haya dado el día 25 de diciembre de hace más de dos mil años, es  bastante improbable y un argumento bastante débil como para argumentar fuertemente en contra de la navidad.

De acuerdo con los registros del clima en Jerusalén las temperaturas medias en el mes de noviembre oscilan entre los  17°C y los 8°C; en el mes de diciembre entre los 13°C y los 5°C; en el mes de enero entre los 12°C y los 4°C. Si tomamos en cuenta que la nieve se forma a partir de temperaturas inferiores a los 0°C. En este caso, la posibilidad de nieve en Jerusalén en los meses citados estaría reducida a un fenómeno muy, pero muy eventual. Ahora bien, si se tratara del clima de todo el territorio de Israel, efectivamente hay lugares altos (como las alturas del Golán), en donde el fenómeno de la nieve es casi común en los meses de invierno. Pero de nuevo, el “argumento” está hablando de Belén.

Ahora, si nos refiriéramos solamente al fenómeno climático del frío, tomando en cuenta que Jerusalén se encuentra a 720 metros sobre el nivel del mar y, tomando en consideración los récords de variación, estaríamos frente a un fenómeno similar a los niveles de frío experimentados en la zona occidental de nuestro país, en donde las temperaturas tienen descensos hasta de cuatro o cinco grados bajo cero, especialmente en el área de los Cuchumatanes, en donde, las temperaturas son más altas y las ovejas pastan tranquilamente en los días y noches heladas, aún bajo estas temperaturas.

El récord climático nos muestra la manera cómo se va presentando el invierno en Jerusalén, pues las temperaturas van siendo más frías en la medida en que el invierno se va estableciendo desde finales del mes de noviembre hasta finales del mes de marzo en que termina. Podemos observar la variación de la temperatura de noviembre a enero que va en descenso.

CONCLUSIÓN

La conclusión simple, sencilla y lógica que podemos extraer de lo anterior es que el fenómeno del clima no es un fenómeno uniforme todos los años, aun en el mismo espacio, y que el mismo es distinto siempre,  en cuanto a sus características principales. De tal manera que definir cómo se presentaba el clima hace dos mil años, en un determinado día, en un determinado territorio, a una determinada hora, es verdadera imposible. Esa sería la tarea que tendrían que hacer  los que afirman que Cristo no pudo haber nacido en invierno en la tierra de Belén de Judea, hace más de dos mil años.

Alguien aún podría argumentar que el clima cambia y que no podemos usar el clima de hoy en día para asumir el clima de aquella época, lo cual es válido, sin embargo vendría siendo el mismo contra-argumento para AFIRMAR que el clima impedía a los pastores “pastar” con las ovejas. Sin embargo, leamos a Flavio Josefo, historiador Judío del primer siglo:

Su naturaleza es maravillosa, así como su belleza; su suelo es tan fructífero que todo tipo de árboles pueden crecer sobre él, y los habitantes en consecuencia plantan toda clase de árboles allí; porque el temperamento del aire está tan bien mezclado, que concuerda muy bien con esos varios tipos, particularmente las nueces, que requieren el aire más frío, florecen allí en gran cantidad; también hay palmeras, que crecen mejor en aire caliente; también crecen higueras y aceitunas cerca de ellos, que requieren un aire más templado. Uno puede llamar a este lugar la ambición de la naturaleza, donde obliga a las plantas que son naturalmente enemigas entre sí a ponerse de acuerdo; es una contención feliz de las estaciones, como si cada uno de ellos reclamara este país; porque no solo nutre diferentes tipos de frutas otoñales más allá de las expectativas de los hombres, sino que los conserva por un buen tiempo;maduros, juntos, durante todo el año “

(La Guerra Judía, Libro 3, Capitulo 10: 8).

Jesús vivió la mayoría del tiempo en Galilea, la cual era la región más frondosa de Israel. Esta región era conocida por su clima soleado. Cada primavera, los valles y las laderas se convertían en un océano de flores silvestres. A partir de marzo, la tierra estaba saturada de colores verdes.  En los días de Jesús, la topografía montañosa y la profunda grieta cerca del mar muerto afecta bastante el clima.

Entre Galilea y Samaria encontramos el Valle de Jezreel los cuales siempre han presentado suelos ricos y lluvias moderadas. Judea, al sur de Samaria, tiene un cambio gradual en el paisaje. El cambio más claro es la disminución de lluvia, precisamente por las montañas y valles. Esto sufrió serios cambios DESPUÉS de su nacimiento. Ya que en los años 67-70 con la caída de Jerusalén, existió mucha deforestación. Esta fue tal, que hace unos años iniciaron un programa revertir la desertificación a través de la plantación de árboles (cedros, específicamente, como Salomón lo hizo).

Al realmente indagar y leer un poco respecto al tema climático, nada hace más sentido que el afirmar que el sólo hecho de decir “No puede ser en diciembre porque había frío y nieve” es sólo una débil excusa para argumentar seriamente en contra de la celebración del Adviento y la Navidad.

 

PD:

La foto de la portada del artículo, es un pastor en Gurpinar, Turquía, en donde el clima puede bajar en esta época hasta -5 gracis centígrados. El va bajo la nieve y el frío, con sus ovejas. Lo cual, para muchos, sería imposible.

 

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