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Muchos son los que hoy en día recitan la frase “Es abominación a Jehová el celbrar esta fecha” (ni siquiera nombran la fecha, porque para ellos la Navidad y el Adviento, son eso… abominación.

Pero, ¿de donde viene esta idea? ¿Porqué es tan famosa y porqué debemos considerarla muy peligrosa?

HISTORIA

Si, de nuevo, si no aprendemos de la historia, estaremos condenados a repetirla, dijo Napoleón. En esta ocasión, en nuestro programa “Historia”, traemos el capítulo titulado: Gnosticismo, el movimiento escondido en la Iglesia.

No se sabe con absoluta precisión dónde nació este movimiento que se convirtió, a principios de la era cristiana, en uno de los peores enemigos de las doctrinas del evangelio. Aun cuando algunos autores lo ubican en el período apostólico de la Iglesia con una referencia específica a uno de sus practicantes, Simón El Mago (Hechos 8: 9-11), otros afirman que el origen de este movimiento se remonta a hechos históricos anteriores al cristianismo, especialmente a los períodos de cautiverio del pueblo judío cuando asimilaron algunas prácticas y creencias de los pueblos paganos y resultaron haciendo mezclas de ideas, creencias y prácticas contrarias a la doctrina judeo-cristiana.

Se señala especialmente el cautiverio egipcio, el babilónico, el persa, el griego y el romano, cuando los judíos estuvieron en medio de culturas con sistemas religiosos  paganos bien estructurados y desarrollados, a cuya influencia no escapó el pueblo de Israel. A pesar de tener el mensaje claro del evangelio en medio de ellos, muchos fueron los que no lograron entender y discernir cuales eran practicas y costumbres genuinamente paganas y cuales eran cuestión de conciencia cristiana, como lo relata Pablo en 1a Corintios 8.

Lo que sí podemos afirmar es que esta corriente religiosa del gnosticismo, se compone de una mezcla de creencias paganas de toda índole con el reconocimiento de algunas verdades cristianas. Es un movimiento que desde sus orígenes no tiene cabeza visible; no se trata de un sistema de conocimientos estructurado, ni de un conjunto de ideas ordenadas dentro de un sistema religioso en especial.

Quizá la única línea de unificación de las ideas gnósticas es el hecho de considerar que el conocimiento o “gnosis” es un acto revelado por un poder trascendente que ellos llaman “dios” o “emanación”, a individuos especiales y escogidos, que tienen el don de conocimiento o de discernimiento de esas ideas y que, por lo tanto, a quienes les son reveladas algunas “verdades”, son individuos “escogidos” que no pertenecen al común de los mortales.

“Una verdad a medias, sigue siendo una mentira”

Dentro de la historia de la Iglesia ningún sistema “religioso” o “científico” de ideas minó tanto la fe cristiana desde sus principios como el “gnosticismo”. Sin embargo, Dios levantó a Sus hombres escogidos para combatir estas ideas que atacaban el cristianismo desde dentro de su mismo seno.

Nada más difícil de atacar que una verdad a medias o un enemigo dentro de la propia casa. Pero los santos hombres de Dios, por medio del conocimiento revelado, completo y disponible para TODOS en las Escrituras, combatieron este mal pernicioso del cual, aún en nuestros tiempos, no se libra la fe y la doctrina cristiana.

LA BIBLIA

Como cristianos, creemos (al menos deberíamos) en el principio doctrinal re-enforzado en la reforma de la Sola Escritura. Bajo ese principio, vemos que el Evangelio y las cartas de Juan, así como las cartas a los Colosenses y Tesalonicenses, constituyen un fuerte valladar y una prevención contra las herejías gnósticas:

“Así pues, hermanos míos, permanezcan firmes y perseveren en los mandamientos que han aprendido, ya que sea por palabra o epístola nuestra. Y que nuestro Señor Jesucristo y Dios nuestro padre, que nos  ha amado, y nos ha dado consolación eterna y buena esperanza por su gracia, consuele sus corazones y los afirme en toda palabra y toda buena obra”.

En la primera epístola del Apóstol Juan podemos confirmar también la lucha del apóstol contra las herejías gnósticas:

“No crean a todos los espíritus, sino disciernan los espíritus para saber si son de Dios. Porque han salido por el mundo muchos falsos profetas. En esto se conoce el espíritu que es de Dios: todo espíritu que reconoce que Jesucristo vino en carne, es de Dios y todo espíritu que no reconoce que Jesús  vino en carne, no es de Dios, sino que éste es el falso ungido, acerca de quien han escuchado que viene y ahora ya está en el mundo.” (1 Juan 4:1-4).

Este es un pasaje que nos ilustra  sobremanera que las ideas gnósticas ya estaban permeando a los fieles de las iglesias, especialmente en cuanto a la idea de que Jesucristo no había nacido de la virgen María, porque él no era carne sino espíritu; y que la carne no era digna del reino de los cielos y, por lo tanto, todo pecado es causado por el enemigo o sus demonios y no se puede encontrar en la naturaleza del hombre. Debido a esto, también el hombre era libre de hacer con su cuerpo lo que le placiera, porque al final, el cuerpo era lo malo y el espíritu lo bueno.

Por eso, para los gnósticos de la antigüedad y para los actuales (neo-gnósticos), negar la encarnación y la historicidad de Cristo es uno de sus principales propósitos (aunque no lo sepan o se den cuenta). Esto es muy fácil de lograr al negar Su nacimiento en un tiempo y un espacio determinados. Este es un ataque al principal fundamento de la doctrina cristiana.

Se dice, por esto, que el  gnosticismo constituyó  la paganización del cristianismo, mientras los gnósticos afirman lo contrario, que el cristianismo se paganizó a través de la historia.

Este espacio es demasiado pequeño para siquiera esbozar las líneas generales del gnosticismo; pero, aparte de los grandes escritores de la doctrina de la fe como Ireneo De Lion, hay autores modernos como Luis Carlos Reyes, autor del libro “La Influencia del Gnosticismo en Algunas Sectas Modernas”  y, aun autores nacionales como mi Tío (orgullosamente) Carlos H. Marroquín Vélez, quien ha escrito “El Persistente Virus “G”, el cual resume los principales postulados del gnosticismo, sus autores principales y los también principales defensores de la doctrina cristiana frente a esta corriente.

A continuación reproduzco una síntesis  de las diversas corrientes gnósticas tomadas del texto citado de Carlos H. Marroquín Vélez, cuyo aporte es de un gran valor a la divulgación de las doctrinas de la fe:

DIVERSAS SECTAS GNÓSTICAS, TENDENCIAS Y ESCRITOS

Sectas:

Las primeras sectas no están asociadas con el nombre de algún fundador o líder. En los escritos controversiales los llamados padres de la Iglesia los llamaban genéricamente gnósticos, por los elementos comunes de la gnosis que todos afirmaban tener, sin importar las diferencias entre los diversos grupos. Entre ellos se hallan los ofitas, naasenos, perates, setianos, cainitas, arcónticos, severianos, gnósticos de Barbelo, justinianos, nicolaítas y otras sectas más oscuras.

Las sectas conectadas con los nombres de los maestros personales reflejan el principal desarrollo del gnosticismo en su alianza con el cristianismo, que aparece primero con Cerintio, a fines del primer siglo y luego con Saturnino; con el extremo antinomianismo con Carpócrates; y sobre todo en los dos grandes maestros, Basílides y Valentín.   Ireneo conecta con Valentín las doctrinas de Ptolomeo, Heracleón, Bardesanes y otros.   Bardesanes, ha sido llamado el último de los grandes maestros gnósticos.

Aparte de todos, se destaca Marción, quien fundó una comunidad religiosa que planteó serios problemas a la Iglesia por más tiempo que cualquier otra secta gnóstica. (Enciclopedia Británica)

Tendencias:

Las sectas gnósticas eran de tendencias diversas:

a) sectas oscuras mencionadas en los escritos controversiales de los padres de la Iglesia, como los ofitas, naasenos, perates, secianos, cainitas, arcónticos, severianos, gnósticos de barbelo, justinianos, nicolaítas, etc. b) gnósticos judaizantes, que eran  los  seguidores  de  Basílides,  de  Valentín,  de  Cerinto  y de Bardesanes;  c) gnósticos anti-judíos, como Saturnino, Cerdo y Marción;  d) una secta curiosa era la de los arcónticos, fundada por Pedro, un ermitaño de Palestina; ellos creían que había siete cielos y cada uno con un arconte o gobernante, de donde se deriva su nombre. Había también un octavo cielo donde habitaba la “madre de la luz.” El gobernante del séptimo cielo era el Dios de los Judíos, y el diablo era su hijo. Ellos rechazaban el bautismo, pero ungían a los muertos con aceite y agua para protegerlos de los arcontes de los cielos inferiores.  Finalmente estaban los maniqueos y los neo-maniqueos.

Escritos Numerosos

Hasta recientemente, solamente se conocía la existencia de unos pocos ejemplares de literatura gnóstica, entre ellos: El Pastor de Hombres, Esculapio, Las Odas de Salomón, El Himno de la Perla,  el Códice Brucianus  y el Códice Askewianus.  En el siglo XIX fueron publicados: el códice Askewianus, el cual contiene la obra gnóstica Pistis Sophia; y el códice Brucianus que contiene el Libro de Jehú. En 1955 se editó el códice Berolinensis, que contenía los llamados: Evangelio de María (Magdalena), Sophia Jesuchristi, Hechos de Pedro, y el Apócrifo de Juan.

En 1945, un camellero de Egipto y su hermano, se hallaban en Nag Hammadi, Egipto, excavando una tierra para usarla como fertilizante, cuando desenterraron una gran vasija de barro. En ella se halló toda una biblioteca de escritos gnósticos. 13 volúmenes sobreviven, conteniendo 51 diferentes obras en 1153 páginas.  6 eran copias de obras ya conocidas; 6 eran duplicados dentro de la misma colección, y 41 eran obras nuevas, no conocidas anteriormente.

El hallazgo incluía el Evangelio de Tomás, el Evangelio de la Verdad, un Tratado sobre la Resurrección, el Evangelio de Felipe, La Sabiduría de Jesucristo, el Apocalipsis de Santiago, Carta de Pedro a Felipe, Sobre el Origen del Mundo, y otros escritos. De éstos, el Evangelio de Tomás se considera el más importante.  Éste es una recopilación de los supuestos dichos de Jesús, los cuales fueron registrados muy temprano en la era cristiana. Un autor gnóstico posterior editó este evangelio, al cual algunos teólogos liberales le otorgan igual importancia como los cuatro Evangelios de las Escrituras Cristianas. Este evangelio apócrifo se tradujo al inglés en los años 60; y los demás libros, en la década siguiente. En muchas maneras, el hallazgo en Hag Hammadi revela mucho más acerca de la temprana historia del cristianismo que los Rollos del Mar Muerto.  Estos escritos nos permiten conocer más a fondo las creencias gnósticas.

De Todo Tipo

Los escritos gnósticos son de todo tipo: Evangelios (de Eva, María Magdalena, Judas, Tomás, Felipe; de la Verdad, etc.); Apocalipsis (de Adán, Abraham, Nicoteo, Zoroastro, etc.); Hechos (de Pedro, Juan, Tomás, Andrés y Mateo); himnos (Naaseni, Bardesanes, “Libro de Jehú”); odas (Basílides); salmos (Valentín, Bardesanes, Marción); y homilías (Valentín). También había tratados teológicos y filosóficos (Isidoro, Valentín, Teodotus, Bardesanes, Marción); investigaciones críticas (Ptolomeo, Apeles); comentarios sobre escrituras sagradas y revelaciones proféticas (Basílides, Heracleón, Isidoro);  libros sobre misterios (Pistis-Sofía, Libros de Jehú, etc.).

De todos ellos, sólo unos pocos han sido preservados, pero son suficientes para documentar cada una de las herejías que fueron refutadas. Hay también referencias a las enseñanzas gnósticas en algunos escritos de los padres apostólicos, quienes constantemente confrontaban y contrarrestaban dichas herejías. Estas referencias se hallan en los escritos de Ireneo, “Contra las Herejías”; de Hipólito, “Refutación de todas las Herejías”; de Epifanio, “Panarión”; y de Tertuliano, “Tertuliano contra Marción”.

IMITACIÓN

Los herejes gnósticos también imitaban al cristianismo, al fundamentarse en autoridades que supuestamente habían recibido revelación especial y única, a través de su “ungido”. Los fundadores de las sectas derivaban poder e instrucción afirmando haber tenido una comunicación directa con la deidad; la profecía era altamente estimada; a la tradición se le daba gran valor, por lo cual, así como la Iglesia lo hacía, ellos se esforzaban por demostrar que estaban ligados al cristianismo primitivo.

Basílides citaba a Glaukias, supuestamente un intérprete de Pedro, como su maestro; Valentín profesaba haber oído a Teodas, un discípulo de Pablo; los Naaseni se referían a Santiago, el hermano del Señor, y en igual manera ellos estimaban las tradiciones de las Escrituras grandemente, aunque la mayoría de los gnósticos “cristianos” veían al enemigo de su gnosis en el Dios de los judíos, y, consecuentemente, rechazaban Su libro, el Antiguo Testamento.

Los apóstoles de Jesús: Mateo, Juan, Pedro y Pablo, enriquecieron la literatura sagrada con sus escritos. Los gnósticos les adjudicaron varios otros escritos a estos y a los demás apóstoles (Felipe, Tomás, Andrés). Algunos maestros afirmaban que el mensajero celestial había confiado su conocimiento secreto a un discípulo particular, que era el único verdadero intérprete del mensaje (¿No les suena familiar esto?)

Así, varios grupos gnósticos tenían un libro que reclamaba presentar las verdaderas enseñanzas de Jesús. Ejemplos de éstos son el Evangelio de Santo Tomás y el Apócrifo de Juan.”

CONCLUSIÓN

El resumen anterior en cuanto a los principales nombres y postulados del gnosticismo nos puede advertir acerca de la manera cómo se articula el neo-gnosticismo en la actualidad, especialmente en la corriente llamada de la “Nueva Era” o en “iglesias” que pretenden negar el nacimiento de Cristo en un espacio y lugar específico, y que no pueden relacionar su pecado con ellos mismos, ya que esto es culpa de “demonios y el maligno”.

No hay duda de que, en cuanto a la encarnación de Cristo y Su nacimiento virginal, en un espacio y tiempo determinados, algunos han tomado también la palabra, afirmando que Cristo era solamente un espíritu porque como Dios no podía haber sufrido la humillación de la encarnación y que, por lo tanto,  no tuvo nacimiento como un niño humano ni padecimiento en la cruz.

Así lo relata Alfonso Ropero en la introducción al libro “Lo Mejor de Ireneo de Lyon. Grandes Héroes de la Fe”.

“Los gnósticos desarrollaron todo un sistema de negación de la pasión conocido con el nombre de docetismo, del griego dokein, “parecer” que atribuía a Cristo una apariencia humana, una encarnación ficticia y una muerte ficticia.” (Y, por lo tanto, un nacimiento ficticio, el cual nadie debería de recordar, ya que eso sería algo “demoníaco”). 

En el apartado de “Basílides y la sustitución de Simón por Jesús”, Ireneo dice que este gnóstico afirma que:

“Este Cristo se presentó ante las naciones de los principados, sobre la tierra, en la figura de un hombre y realizó milagros. Por consiguiente, no fue él quien sufrió la pasión, sino que un cierto Simón de Cirene fue obligado a llevar la cruz en su lugar. Y fue este Simón el que, por ignorancia y error, fue crucificado, después de haber sido transformado por él, para que se le tomara por Jesús”.

¿Qué no podemos esperar de los nuevos jinetes del gnosticismo en relación con la Navidad como un  hecho real sucedido en el tiempo y el espacio? Pues lo más lógico y sencillo: negarla, rechazarla, demonizarla o condenarla.

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