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Muchas veces en el contexto cristiano evangélico escuchamos la afirmación de que no somos una religión. “El evangelio es una relación y no una religión”.  Si bien hay mucha verdad en la frase, muchos aún no terminan de entender a totalidad lo que realmente quieren decir. De hecho, he conocido a muchas personas que repiten como loritos la frase, pero al hacer más preguntas o tratar de ir más a fondo en lo que tratan de decir con la frase, no tienen ni idea de qué están diciendo (tristemente como la mayoría de casos cuando los cristianos sólo repiten lo que escuchan) Es importante que podamos definir entonces qué queremos decir con esta frase y más allá de la frase, qué diferencia entonces hay entre la religión (vista desde su punto de vista conceptual) y el evangelio.

RELIGIÓN

Si tomamos en cuenta lo que significa la palabra religión: Conjunto de creencias religiosas, de normas de comportamiento y de ceremonias de oración o sacrificio que son propias de un determinado grupo humano y con las que el hombre reconoce una relación con la divinidad (un dios o varios dioses). Podemos fácilmente razonar que  una religión está dada bajo la premisa de que al seguir las normas establecidas por la misma, somos aptos para poder tener y mantener una relación con lo divino.  En resumidas cuentas, la religión está basada en la obediencia a las normas para el acercamiento con Dios. Es precisamente por esto que tenemos la libertad de decir que más que una religión, el cristianismo es una relación.

RELACIÓN

El cristianismo es una relación que Dios ha establecido con sus hijos. Es Dios quien toma la iniciativa de buscar restaurar la relación que el hombre por el pecado perdió con Él en (Génesis 3) La Biblia enseña claramente que no hay nada que el hombre pueda hacer para reconciliarse con Dios (Romanos 3:23, 6:23). La Biblia también nos enseña que Dios hizo por nosotros lo nosotros no podíamos hacer por nosotros mismos (2 Corintios 5:21, Colosenses 2:13). A causa del pecado, fuimos separados de Dios y ese pecado debe de tener un castigo, ya que la santidad de Dios no puede aceptar ni tolerar el pecado (Mateo 10:28, 23:33;Romanos 6:23). Ese castigo fue recibido por Cristo Jesús en nuestro lugar y al creer en la obra de Cristo por fe, la relación con Dios es restaurada a través de los méritos de Cristo en la cruz (2 Corintios 5:21; Efesios 2: 8-9). Esta nueva relación entre Dios y quienes el llamó para salvación está basada en su gracia a través de Cristo (El Evangelio). Esa gracia es el fundamento del cristianismo y por ende, todo lo contrario a lo que significa  religión. De hecho, todo el ministerio de Jesús fue basado en una relación de gracia de Dios al corazón de sus hijos y eso desató mucha critica y motivos para matarle de parte de los religiosos de la época.

Hasta este punto creo que cualquier cristiano estaría de acuerdo en lo que expreso.  Sin embargo, existe una absoluta contradicción respecto a lo que muchos creen y lo que muchos hacen. Muchos creen que el evangelio es una relación basada en la gracia de Dios, pero actúan y viven como si fuera una religión.

EVANGELIO vs RELIGIÓN

Tim Keller en su libro “Guía de Estudio para el Evangelio en la Vida” hace un fenomenal y excelente cuadro comparativo sumamente útil para poder entender cómo al vivir, podemos estar viviendo bajo una religión (normas de comportamiento) o bajo el evangelio (gracia dada a través de Cristo):

La Religión dice: “Yo obedezco; Por lo tanto soy aceptado “.

El Evangelio dice: “Soy aceptado; Por lo tanto, yo obedezco. “

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La Religión: La motivación se basa en el miedo y la inseguridad.

El Evangelio: La motivación se basa en el gozo por estar agradecido.

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La Religión: Yo obedezco a Dios para obtener cosas de Dios.

El Evangelio: Obedezco para conocer a Dios, para mi gozo y para parecerme cada vez más a él.

La Religión: Cuando las circunstancias en mi vida van mal, estoy enojado con Dios o conmigo, ya que creo que cualquier persona que se porta bien, como yo, merece una vida cómoda.

El Evangelio: Cuando las circunstancias en mi vida van mal, lucho, pero sé que todo mi castigo cayó sobre Jesús y que mientras Dios permite esto para mi santificación (parecerme a él cada día más), él me mostrará su amor paternal en medio de la prueba.

La Religión: Cuando soy criticado, estoy furioso o devastado, porque es importante para mi pensar que soy una “buena persona”. Las amenazas a esa auto-imagen deben ser destruidas a toda costa.

El Evangelio: Cuando soy criticado, lucho, pero no es esencial para mí pensar en mí como una “buena persona”. Mi identidad no se basa en mi historial ni en mi desempeño, sino en el amor de Dios por mí en Cristo.

La Religión: Mi vida de oración consiste en gran parte de peticiones y sólo se intensifica cuando estoy en un momento de necesidad. Mi propósito principal en la oración es el control del medio ambiente y lo que me rodea

El Evangelio: Mi vida de oración consiste en extensiones generosas de alabanza y adoración. Mi propósito principal es la comunión con Dios.

La Religión: Mi identidad oscila entre dos polos. Cuando estoy viviendo conforme a mis estándares, me siento confiado, pero entonces soy propenso a ser orgulloso y antipático a la gente que falla. Cuando no estoy cumpliendo con los estándares, me siento humilde pero no confiado ya que me siento como un fracaso.

El Evangelio: Mi identidad no se basa en mi logro moral. En Cristo soy -simul iustus et peccator- simultáneamente pecaminoso y perdido, pero al mismo tiempo aceptado y justificado en Cristo. Soy tan malo que tuvo que morir por mí, y soy tan amado que estaba contento de morir por mí. Esto me lleva a una profunda humildad y confianza al mismo tiempo.

La Religión: Mi identidad se basan principalmente en lo duro que trabajo, o en lo moral que soy, y así debo mirar hacia abajo a aquellos que percibo como perezosos o inmorales.

El Evangelio: Mi identidad están centradas en el que murió por mí. Soy salvo por pura gracia, así que no puedo mirar hacia abajo a aquellos que creen o practican algo diferente a mí. Sólo por gracia soy lo que soy.

Aunado a estas magnificas comparaciones de Keller, también podemos mencionar algunas otras muy importantes de Mark Driscoll:

La religión dice, si yo obedezco, Dios me amará. El Evangelio dice, porque Dios me ama, yo puedo obedecer.

La religión tiene gente buena y gente mala . El Evangelio sólo tiene personas arrepentidas y no arrepentidas.

La religión valora una familia por nacimiento biológico. El Evangelio valora una familia por un nuevo nacimiento.

La religión depende de lo que hago. El Evangelio depende de lo que Jesús ha hecho.

La religión afirma que la santificación me justifica. El Evangelio afirma que la justificación permite la santificación.

La religión tiene el objetivo de obtener algo de Dios. El Evangelio tiene el objetivo de conocer más a Dios.

La religión ve las dificultades como castigo por el pecado. El Evangelio ve la dificultad como una oportunidad de santificación

La religión es sobre mí y todo se trata de mi. El evangelio es acerca de Jesús y todo se trata de él

La religión cree que aparentar ser una buena persona es la clave. El Evangelio cree que ser honesto es la clave.

La religión tiene una incertidumbre al pensar presentarnos delante de Dios. El Evangelio tiene certeza basada en la obra de Jesús de que por él estamos delante de Dios.

La religión ve a Jesús como el medio para obtener algo a cambio. El Evangelio ve a Jesús como el cumplimiento de todo

La religión termina en orgullo o desesperación. El Evangelio termina en un gozo humilde.

Acá una imagen de los hermanos de Adam4d que describe exactamente como funcionan estas comparaciones de forma explicativa:

¿CÓMO FUNCIONA LA RELIGIÓN?

He obedecido todas las reglas que me impusieron de tocar 27 puertas esta semana,  he dado exactamente 9.703% de mi salario, he orado mientras veo el amanecer a las 6:17 AM, a medio día a las 12:53 y a las 6:09 PM viendo la caída del sol todos los días. Sólo como animales que los ha matado un señor llamado Henry cada martes y me he dado de cachetadas en la cara cada vez que pienso lo rico que es el helado.

Yo creo que he obedecido lo suficiente para que Dios me ame y me acepte

Al menos, espero haber hecho lo suficiente

¡Por favor! ¡Por favor! dime que hice lo suficiente 🙁

¿CÓMO FUNCIONA EL EVANGELIO?

¡Soy lo peor! Soy totalmente incapaz de hacer algo para abrirme el camino hacia el favor de Dios porque soy pecador y rebelde hasta lo más profundo de mi ser. A pesar de esto, Dios me amó y envió a Jesús para pagar la penalidad de mis pecados y así poder ser encontrado inocente de mi rebelión, aunque yo no mereciera su gracia.

Yo se que Dios me ama y me acepta, es un placer poder seguirlo y obedecerlo.

Espero que podamos meditar en cuantas veces decimos creer en el evangelio pero al mismo tiempo vivimos una vida llena de religión y por ende, terminamos haciendo ídolos de la creación y no enfocándonos en el creador.  Cuando nuestra vida está basada en una religión, entonces nuestro desempeño y nuestras habilidades se vuelven un ídolo.  Nuestro desempeño moral, nuestro estatus social, nuestro conocimiento de la biblia, nuestros dones, nuestros ministerios etc.  Pero cuando el evangelio está en el centro de nuestra vida y de nuestra identidad, podemos reconocer que todas estas cosas son buenas y fueron dadas a nosotros en gracia (dones, talentos, ministerios, habilidades,etc) pero ninguna de esas cosas son medios de salvación o de acercamiento a Dios para una relación.  Sólo el evangelio es suficiente para eso, sólo la vida, muerte y resurrección de Jesucristo nos acercan a una relación con Dios para siempre a pesar de nosotros.

Somos pecadores…pecadores justificados. Y este no es un motivo para “pecar bastante para que la gracia abunde”. Tristemente cuando hablamos de la gracia del Evangelio muchos creen que es una licencia para pecar sabiendo que Dios siempre nos perdona, pero Pablo nos muestra en el libro de romanos que eso no es así y quien piensa así es porque realmente no conoce el Evangelio.

Romanos 6:1-14 Nueva Traducción Viviente (NTV)

Cristo quebró el poder del pecado

6 Ahora bien, ¿deberíamos seguir pecando para que Dios nos muestre más y más su gracia maravillosa? 2 ¡Por supuesto que no! Nosotros hemos muerto al pecado, entonces, ¿cómo es posible que sigamos viviendo en pecado? 3 ¿O acaso olvidaron que, cuando fuimos unidos a Cristo Jesús en el bautismo, nos unimos a él en su muerte? 4 Pues hemos muerto y fuimos sepultados con Cristo mediante el bautismo; y tal como Cristo fue levantado de los muertos por el poder glorioso del Padre, ahora nosotros también podemos vivir una vida nueva.

5 Dado que fuimos unidos a él en su muerte, también seremos resucitados como él. 6 Sabemos que nuestro antiguo ser pecaminoso fue crucificado con Cristo para que el pecado perdiera su poder en nuestra vida. Ya no somos esclavos del pecado. 7 Pues, cuando morimos con Cristo, fuimos liberados del poder del pecado; 8 y dado que morimos con Cristo, sabemos que también viviremos con él. 9 Estamos seguros de eso, porque Cristo fue levantado de los muertos y nunca más volverá a morir. La muerte ya no tiene ningún poder sobre él. 10 Cuando él murió, murió una sola vez, a fin de quebrar el poder del pecado; pero ahora que él vive, vive para la gloria de Dios. 11 Así también ustedes deberían considerarse muertos al poder del pecado y vivos para Dios por medio de Cristo Jesús.

12 No permitan que el pecado controle la manera en que viven; no caigan ante los deseos pecaminosos. 13 No dejen que ninguna parte de su cuerpo se convierta en un instrumento del mal para servir al pecado. En cambio, entréguense completamente a Dios, porque antes estaban muertos pero ahora tienen una vida nueva. Así que usen todo su cuerpo como un instrumento para hacer lo que es correcto para la gloria de Dios. 14 El pecado ya no es más su amo, porque ustedes ya no viven bajo las exigencias de la ley. En cambio, viven en la libertad de la gracia de Dios.

Vivamos pues centrados en el mensaje del Evangelio a través de una relación con Dios gracias a la obra meritoria de Cristo y por el poder del Espíritu Santo y no una vida llena de religión.

 

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